La actividad física regular es una de las principales herramientas para prevenir enfermedades cardiovasculares.

Caminar a paso ligero mejora la función cardíaca y favorece una mejor circulación sanguínea.

El ejercicio aeróbico moderado ayuda a controlar la presión arterial y reduce el riesgo cardiovascular.

Las actividades continuas y de bajo impacto (caminar, bailar, nadar…) fortalecen el corazón y mejoran la capacidad respiratoria.

Mantenerse activo a partir de los 40 años es clave para proteger el corazón a largo plazo.

Según la organización mundial de la salud (OMS), la actividad física regular reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares, mejora la presión arterial y contribuye a una mejor salud del corazón a cualquier edad.